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CAPITULO IIIPRIMERA LEPROSERÍAEL LAZARETO. ASILO PARA LEPROSOS:"La Lepra es una enfermedad que apareció inesperadamente en nuestro territorio y causó tanta preocupación entre los habitantes de los siglos XVIII y XIX, que por ejemplo, al momento de la Independencia fue el asunto de la lepra el más importante que tuvieron que dejar los cabildos de lado, para afrontar aquella. Una vez pasada la sorpresa de la Independencia, el problema de esta enfermedad fue tomado otra vez por nuestros gobernantes y de ahí en adelante, en todo el tiempo Republicano, como uno de los asuntos de más trascendencia en la vida nacional"[1] El término Lepra viene del griego y significa "escamoso". Las Sagradas Escrituras, en el Antiguo Testamento, Libro del Levítico (capítulo 13, 1-2- 44-46), definen el doble carácter de la Lepra. "Más si la Lepra brotare, extendiéndose por la piel hasta cubrirla toda de pies a cabeza, el sacerdote (médico) la reconocerá, y decidirá ser una lepra inocentísima por haberse convertido toda ella en una blancura y por lo mismo, aquel hombre, se reputará limpio. Al contrario, si se deja ver en él la carne viva, entonces será declarado inmundo por el sacerdote y contado entre los inmundos; porque la carne viva, si está salpicada de lepra, es inmunda". "Yavé habló a Moisés y Aarón, diciendo: Cuando tenga uno en su carne alguna mancha escamosa, o un conjunto de ellas, o una mancha blanca, brillante, y se presente así en la piel de su carne la plaga de la lepra, será llevado a Aarón, sacerdote, o a uno de sus hijos, sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: "¡impuro, impuro"!. Mientras le cure la afección, seguirá impuro, vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento". [2] Los leprosos fueron la representación de todo lo malo y defectuoso que existía sobre la tierra y era considerado "hombre muerto", ante la sociedad y siempre se trató de alejarlo de ella. Lo podemos ver en las Sagradas Escrituras, donde Moisés dictó leyes muy drásticas que obligaban a los leprosos a ser aislados de las demás personas sanas, teniendo que tapar su boca con la ropa y avisando por medio de gritos que estaba contaminado para que nadie se le acercase y habitando fuera del poblado. A los leprosos se les llama Lazarinos, porque aparentemente según lo comentan las Sagradas Escrituras, Lázaro padeció esta enfermedad. Hasta el Siglo XIX es común el término Lazarino, para aquellas personas que padecían Lepra. Ya en Siglo XX se conoce a la infección como el mal de "Hansen", debido a que fue el médico británico, Noruego Gerhard Henrich Armauer Hansen (1841-1912), quien descubrió en 1871, el Mycobacterium leprae, causante de la lepra, que es produce una gran infección en la piel. Para el año1784, precisamente el 9 de setiembre, el gobernador de Cartago, Don Juan Flores, presenta el primer proyecto en el cual propone al cabildo de Cartago, la creación de un pueblo Lazarino o de San Lázaro, para aislar a los enfermos con este padecimeinto,[3] el cual no fue realidad, debido a las limitaciones económicas que se sufrían en la época. Lo que se construyeron fueron unas "casillas", en el lugar que no era apto de por sí, para un Lazareto, pero consta en documentos del Archivo Nacional, que se gastaron en enfermos de gravedad varias cantidades de alimentos en el "hospital de San Lázaro" en Cartago, el 31 de enero de 1800.[4] Para 1798, el gobernador de la Provincia de Costa Rica, don Tomas de Acosta, remite un informe a la Audiencia de Guatemala, acerca del avance que estaba tomando en la ciudad de Cartago, el mal de Lepra, comúnmente llamado de San Lázaro y a la vez presenta un proyecto sobre la formación de un pueblo Lazarino, en el pasaje nombrado "La Candelaria" a 7 leguas al Sur Oeste de esa ciudad.[5]. Don Tomás de Acosta no tenía confirmado cuándo apareció la lepra en Costa Rica, ya que dice él en un documento tomado del Archivo Nacional[6], "es la más común opinión, fundada en la tradición, que por los años de 735 y 738 se manifestó este mal en la criada (española), de Doña Josefa Pérez del Muro, vecina de esta ciudad, quien le puso en una casa de campo de la pertenencia de Franco Aguirre, no dejó de contagiarse casi toda ella, la cual contaminó a otras familias de aquel barrio (hoy día San Rafael de Oreamuno), y éstas la mayor parte de los que lo habitan: llegando a tanto el exceso, que se cuentan atacados de esta mortífera enfermedad los infelices que contiene la lista que reverentemente incluyo a usted. Don Tomás de Acosta, quien desde 1798 se preocupó por el mal de Lázaro, en la Provincia de Costa Rica, especialmente en la ciudad de Cartago, en 1800 dirigió nota a la Cámara Real de Guatemala, solicitando para que declarara por "racional disenso" u oposición en los matrimonios enfermos del mal de Lázaro, en cualquier grado en que se hallase y en el caso de que alguno de los contrayentes descendiera de padres enfermos.[7]. Esto por cuanto creía él que el mal era hereditario y no sólo contagioso. Para 1820 ya no sólo había Lepra en Cartago, sino que también en las Villas y Pueblos de Ujarráz, Escazú, San José, Heredia y Alajuela, por lo que el Procurador Síndico de la ciudad de Cartago, don Santiago Bonilla exhorta al pueblo de Cartago y Costa Rica, para que por medio de limosnas, objetos o animales, se ayudara, para brindar un mejor trato a los Lazarinos, no siendo muy efectiva su solicitud a nivel nacional, las contribuciones fueron raquíticas, a pesar de los sermones que se dictaban.[8] En 1821 ya existía el Hospital de San Juan de Dios en Cartago, que tenía una hacienda de ganado, donde se cuidaban los ganados que donaban para el consumo de los Lazarinos. El Decreto 212 de 12 de mayo de 1830, suprime el decreto de 7 de junio de 1826, que había creado el Hospital de San Juan de Dios y establece el Lazareto General del Estado. El 23 de Noviembre de 1830 se reunieron los delegados de cada municipalidad, para escoger el terreno donde debía edificarse el Lazareto. Quedó ubicado en el extremo oeste del Potrero Sangre de Cristo, en las inmediaciones del Río Virilla.[9]. El traslado de los Lazarinos de Cartago a la ciudad de San José, fue muy doloroso para ellos, pues abandonaban sus familias y amistades. El 27 de febrero de 1833, fue inaugurado el Lazareto, haciendo a los leprosos prometer que tendrían conformidad y paciencia ante los decretos de la Providencia y les prometió El Jefe Político, que el Estado no omitiría ningún esfuerzo para ayudarles a ellos y a sus familias. Como enviaron enfermos de otros padecimientos al Leprozario Nacional, muchos eran reumáticos y fueron enviados a las costas para su restablecimiento. Al venir sanos, otros enfermos se fugaban del Lazareto en búsqueda del clima caliente, siendo castigados por eso, como infracción a la ley, creando la pena capital, para los leprosos que se fugaban del Lazareto. El 18 de setiembre de 1833 se condenaba de muerte a los fugados del Lazareto por medio de un Decreto. Para el 22 de febrero de 1841, fueron fusilados Miguel Moya y los hermanos María y José Antonio Brenes.[10]. La Pena de muerte es eliminada, gracias al insigne Dr. José María Castro Madríz, legalmente ya no se buscó eliminar la lepra fulminando al enfermo, pero la gente seguía reprochándole su culpabilidad y daño que causaban. El hospicio de Lazareto se considera parte del Hospital San Juan de Dios y está sujeto al mismo régimen interior dictado para ese establecimiento[11]. Al crear el decreto del 3 de Julio de 1845, el Hospital de San Juan de Dios, se une también el Lazareto, el cual va a estar administrado por la Junta de Caridad. En el acta de la Junta de Caridad, de la sesión del 7 de setiembre de 1855, se acuerda: Consultar al Supremo Gobierno, sobre la posibilidad de trasladar el Lazareto a las Pavas, en la punta que forma la confluencia de los ríos Torres y Tiribí, lugar que reúne las circunstancias del que ahora ocupa sin los inconvenientes de este. En la Sesión de la Junta de Caridad, del 7 de diciembre de 1855, leyó la comunicación ministerial # 379 de 16 de octubre del mismo año, mediante el cual autorizan a la Junta para trasladar el Lazareto al potrero de las Pavas, al ángulo formado por la confluencia de los ríos citados. Pero amparados en el examen minucioso realizado al lugar, por individuos de la misma Junta, se decide que el traslado es difícil, por ser grande la distancia de uno a otro río y que el muro costaría una cantidad considerable, se acordó en esa misma sesión no realizar el traslado; sino, mejorar la condición de los leprosos en el lugar donde se hallaban, contratando materiales para construir un comedor doble cerrado, 13 piezas de habitación, con cocina, para cada uno de los enfermos.[12] El Estado en 1858 no estaba en condiciones de ayudar al Hospital y Lazareto por el aumento excesivo en los gastos en relación con 1833. La guerra de 1856-57, había dejado extenuado el erario nacional y particularmente las arcas del hospital, que habían tenido que hacerle frente en forma inesperada a los gastos demandados por los enfermos del cólera. José Mora solicita al señor Ministro del Interior el 20 mayo de 1858, dar cuenta sobre lo que se informa al señor Vicepresidente de la República. Que se compre un terreno a un señor Vargas, el cual se encuentra como a 500 varas del lugar que ocupa hoy día el Hospicio, ya que en ese terreno al lado abajo para el río, del cual los leprosos pueden tomar agua y el terreno presenta todas las ventajas para la construcción del hospicio como son ventilación, terreno sólido y propio para edificar, de tres o cuatro manzanas, donde hay bastante leña para el consumo de los enfermos a quienes algunos tienen carencia de sus dedos en sus manos y los pies. Debe indemnizarse al señor Vargas y para formar un fondo, para la indemnización del valor del terreno, como para los gastos del edificio, cree que el Supremo Gobierno debe ordenar la venta del potrero llamado de los lazarinos que comprende un área de cuarenta manzanas o más o menos, y que puede venderse a muy buen precio, por la buena calidad del servicio y por estar cerrado en todo el rededor, por la confluencia de dos ríos caudalosos, a excepción de la entrada que es de menos varas de extensión y es el lugar que nos ocupa.[13] Consta en las actas de la Junta de Caridad de 1864 que la Junta de Señoras de la misma entidad, era la encargada de dotar del vestuario necesario, así como la alimentación de los leprosos. La vestimenta de los enfermos era adquirida por medio de donaciones, limosnas y cuando no era posible conseguirla por estos medios, se pasaba el presupuesto para conocimiento de la Junta, con los costos menores, para su aprobación. Debemos tomar en cuenta que para esa época los fondos del hospital no aumentaban considerablemente. Para 1867 en el Lazareto hubo 15 enfermos recluidos. El presupuesto con que contó en este año fue de 2.551.92 pesos, incluyendo donaciones por 373.13 pesos. Exceptuando el rubro de donaciones, los ingresos estuvieron integrados así producto del impuesto de mandas forzosas: 1.528.29 peso, impuesto a las boticas: 320,00, impuesto a los mausoleos: 167,50 e intereses sobre capitales: 160,oo pesos[14]. En 1860 el problema de los Lazarinos seguía en nuestro país, la presencia de ellos en los caminos provocaba malestar en la población y la Junta no contaba con recursos para mantenerlos. No fue sino hasta el 7 de febrero de 1861, que el Dr. en medicina Alejandro Von Frantzius, también conocido como Francisco Kurtze, expuso a la Junta la necesidad de reformar las inadecuadas instalaciones en que se encontraban los lazarinos. Forma parte de la Comisión con el presidente de la Junta de Caridad, Nereo Bonilla y el Ministro de Gobernación, con el propósito de estudiar la manera de solucionar el problema de distancia y falta de agua en el Lazareto. El 1° de octubre se conoció el informe de esa comisión, en el cual el señor Kurtze opinó que antes de gastar 2000 o más pesos en el acarreo del agua, solucionando sólo uno de los problemas, el antiguo lugar que habían ocupado los lazarinos a la orilla izquierda del río Virilla, en el camino nacional a Puntarenas, ofrecía todas las comodidades[15]; pero en ese momento esos terrenos se encontraban anexados a unos del señor Luz Blanco, en el Paso Real, a la orilla izquierda del río Virilla, en el Paso Real, dentro de la jurisdicción de Heredia, terreno de aproximadamente tres manzanas. El 23 de octubre de 1863 el Dr. Frantzius, presenta un informe detallado sobre las ventajas de trasladar el Lazareto a la dirección indicada anteriormente. Este informe lo envió al Ministro de Gobernación, Dr. Juan José Ulloa, quien tomó la decisión de derogar el artículo 2° del Decreto de 20 de Julio de 1864 que dice: "Se autoriza al Supremo Poder Ejecutivo para fijar el punto en donde debe construirse el Hospital de Leprosos de que habla el artículo 2° de la citada ley"[16]. El gobierno estuvo de acuerdo con la propuesta del Ing. Kurtze e inmediatamente ordenó levantar el plano del futuro Lazareto. La obra costaría 25.000 pesos. No se pudo construir por falta de fondos en el erario nacional. En 1872, se introdujeron mejoras en las instalaciones. Reporta el Lic. Pinto que al empezar el año existían 5 hombres y 6 mujeres. En este centro se gastaron 2.902.32 pesos en alimentos, medicinas y personal.[17] Para Julio de 1875, empezó a tomar cuerpo la tesis expuesta por distintos médicos, a tenor de la cual los enfermos que venían siendo atendidos en el Lazareto en realidad no padecían de lepra y que su enfermedad no era contagiosa. Esta tesis le fue expuesta al propio Presidente de la República y al Ministro de Salubridad, ya que enfrente de la perspectiva de construcción de un nuevo edificio para el Hospital, se proyectaba construir otro contiguo, en donde alojar a estos enfermos, sometiéndolos a otro tipo de terapia, en lo que estuvo de acuerdo el Gobierno. El mandatario y su Ministro fueron igualmente informados por una comisión de la Junta, de la merma de ingresos experimentada por la institución al habérsele privado de la renta por virtud del impuesto sobre las boticas, aceptando en principio el Gobierno que aquella volviese a la caja de la Junta[18]. Para 1881, habiéndose presentado dudas, en los últimos cuatro años, acerca de la naturaleza de los padecimientos de las personas internadas en Lazareto, y por moción del Dr. Durán Cartín se integró un comité con el proponente y los Doctores Daniel Nuñez, Juan J. Ulloa, para que en asocio del médico oficial, Dr. Bruno Carranza, verifiquen los reconocimientos médicos del caso y viertan el informe correspondiente en cuanto a la futura terapia a aplicar. Esta comisión de médicos que integró la Junta, informó en Sesión del 21 de abril que tales personas, con la excepción de un súbdito chino, no padecían de lepra sino de sífilis terciaria. El informe fue sometido al Poder Ejecutivo, para que resolviese lo que tuviese por conveniente en cuanto al futuro del Lazareto[19]. En 1883 a pesar del dictamen médico que declaró que no había más que un enfermo de lepra en el Lazareto, el Poder Ejecutivo autorizó a la Junta para vender un terreno y comprar otro, en el cual hacer una nueva edificación para instalar en él el Lazareto. El 29 de agosto de 1898, se firmó un contrato entre Don Pedro Pérez Zeledón, secretario de Estado en el Despacho de Beneficencia, debidamente autorizado por el señor Presidente de la República, y el señor Luis Matamoros, mayor de edad, ingeniero y vecino de San José, en el cual convinieron en construir para Lazareto en una de las islas del Golfo de Nicoya, la cual el gobierno en su oportunidad designaría, una casa de la forma y dimensiones determinadas en el plano levantado al efecto por la Dirección General de Obras Públicas, en el cual también se construiría un pozo, cerca del edificio, que tendría un brocal de ladrillo desde un metro de altura, sobre la superficie del suelo hasta la profundidad donde el terreno sea firme, para que mantenga constantemente 2 metros de agua. La obra costaría 16.500 pesos, que luego se excedió a 4.000 pesos más, por gastos de construcción, debiendo ser entrega a cuatro meses, después de haber sido firmado y aprobado el contrato. La obra en realidad fue terminada hasta Julio de 1899.[20] Para 1900 el Gobernador de Puntarenas visitó la edificación y el lugar, determinando que estaba totalmente destruido. Por las inclemencias del tiempo, el excesivo calor y otros factores, la madera de las casas estaba retorcida y el comején se había comido la madera. En enero de 1899 por Acuerdo Ejecutivo de el Lazareto deja de ser una dependencia de la Junta de Caridad, para ser gobernado directamente por la Secretaría de Beneficencia, en tanto se organiza en forma definitiva dicho establecimiento, cuya vigilancia y asistencia se confiaron a las distinguidas damas doña Julia de Escalante, Agustina Gutiérrez y Bárbara Hogan[21]. Hubo intenciones de trasladar el asilo de leprosos a la Isla de Cedros en el Pacífico, como se mencionó anteriormente; sin embargo por las razones ya citadas, no se hizo realidad, siendo hasta el 23 de agosto de 1902, que por Acuerdo[22] declara lo siguiente: Que el establecimiento del Asilo de Leprosos en la isla de Cedro es desde todo punto de vista inconveniente por la insalubridad del clima, la mala calidad de las aguas y la dificultad para ejercer eficaz vigilancia sobre el personal encargado de la administración, así como encargado de su administración, así como para que los enfermos reciban los auxilios que necesitan de la ciencia y la caridad. Que la comisión nombrada para dictaminar sobre las ventajas o inconvenientes que pudiera ofrecer el establecimiento del Asilo en la finca "Las Mercedes", de propiedad del Gobierno, comprada al Dr. Guatemalteco don Antonio Cruz Polanco, el 13 de Julio de 1896, en 140.000 pesos, ha informado favorablemente por reunir aquel sitio todas las condiciones apetecibles para un hospital de esa naturaleza. Que el establecimiento del asilo en el referido lugar facilita la vigilancia a que debe estar sometido, lo pone al alcance de la beneficencia pública y hace en extremo remoto el peligro de contagio, por quedar lejos de los centros de población y por el completo aislamiento en que estarán los enfermos. Que la salubridad pública exige que el Asilo de Leprosos desaparezca del lugar en que hoy se encuentra, por lo que acuerda trasladar dicho Asilo a la Finca que antes se ha hecho referencia. Destinar a su servicio el edificio que existe en aquel lugar y 20 hectáreas, 96 áreas, 68 centiáreas y 80 decímetros cuadrados de terreno para cultivos y otras dependencias del mismo. La Secretaría de Beneficencia ordenará los trabajos que el edificio existente demande y las nuevas construcciones que sean necesarias para que el Asilo llene satisfactoriamente el objeto a que se le destina. Desde 1902 y hasta 1914 el médico director del Lazareto fue el Dr. Elías Rojas, quien desde muchos años atrás mantuvo gran interés en este tipo de pacientes. Para la inauguración del Sanatorio "Las Mercedes", él fungía como su director, mostrando gran interés por dar un cambio al tratamiento de sus pacientes y lograr su erradicación. En relación con el nombre "Las Mercedes", es importante, aclarar que no fue impuesto por la donación del terreno por parte de la señorita Mercedes, hermana del Dr. Cruz Polanco; sino, porque ella, ya fallecido su hermano, permitió que los trámites necesarios fueran realizados por parte del gobierno, sin tomar en cuenta un litigio que el Dr. Cruz, tenía, con el gobierno, desde 1896, sobre la distribución de la suma pagada por el mismo. Si ella no hubiera intervenido no se hubiera logrado el acuerdo amigable, sucedido el 16 de Noviembre de 1905 y posiblemente no se hubiera instalado el Asilo en ese lugar.[23] En 1908, fue trasladado el Asilo de Leprosos a la Finca "Las Mercedes" propiedad nacional y su instalación definitiva en ese lugar.[24] La ubicación geográfica del Sanatorio Las Mercedes es muy indefinida. Está entre las provincias de San José y Cartago. A principios de siglo XX, su ubicación se consideró siempre en Tres Ríos. Este lugar ha sido comprendido hasta nuestros días, que la Finca era parte del Cantón de Curridabat. El asiento propiamente dicho del Sanatorio era: Cantón de Curridabat, distrito 4° o Tirrases y la finca en casi su totalidad, está localizada en la Provincia de Cartago, porque pertenece al Cantón de La Unión, distrito 8° o Río Azul. De ahí la ambigüedad y la confusión de nombres, cuando se ha tratado de localizar el Sanatorio Las Mercedes en División Territorial de la República.[25]. El recorrido para llegar a este lugar lo describe Sara Chinchilla, en su Tesis de Licenciatura, Universidad de Costa Rica, en 1972 así: Por la carretera a Curridabat, siguiendo la autopista a Zapote, a la altura de la Agencia del Banco Nacional de Costa Rica, se toma la vía que conduce a San Antonio de Desamparados, a la altura del estrecho puente, a mano izquierda, tres kilómetros más, encontramos el Sanatorio. Más o menos son unos 11 kilómetros de la ciudad de San José. En el mes de febrero de este año, realizamos este recorrido, varios funcionarios de la Junta de Protección Social, verificando que en este lugar, funcionó años atrás, el servicio de atención al alcohólico del Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA). Hoy día encontramos en la entrada principal de ese terreno el Programa de Atención Integral de Salud de la Universidad de Costa Rica y la Caja Costarricense del Seguro Social, que por medio de un convenio, mantienen el Equipo Básico de Atención Integral de Salud (EBAIS) de Tirrases de Curridabat. Ingresando a dichas instalaciones, pudimos hacer un recorrido de unos seiscientos metros, llegando precisamente al lugar donde se concentró la población de los leprosos, donde existe una edificación, ocupada en estos momentos por la Asociación Centro de Rehabilitación para el Adicto (ACERPRA). En conversación sostenida con el Dr. Juan Carlos Morera, médico del EBAIS y el señor Francisco Gamboa, director de ACERPRA, pudimos obtener información y comprobar que en estos terrenos estuvo asentado el Sanatario Las Mercedes. Nos informan los señores mencionados que "más arriba", donde el terreno es más empinado y escabroso existían las casitas de los enfermos, el crematorio, donde se quemaban las ropas de los leprosos que fallecían y el cementerio. Nos indicaron que parte de un asentamiento urbanístico, fue construido sobre ese cementerio. Para 1923, por Ley 52 de 12 de marzo, el Hospital de Leprosos, pasa a depender directamente de la Subsecretaría de Higiene y Salubridad Pública, de la Secretaría de Estado en el Despacho de Policía. Para 1948, es administrado por Juntas Directivas, dependientes del Ministerio de Salubridad Pública, a través de la Dirección General de Asistencia Médico-Social. Por medio del Decreto #56 de 11 de junio de 1948, se cambia el nombre de "Asilo Nacional Las Mercedes" por el de "Sanatorio Nacional de Las Mercedes" y por decreto #163 de 10 de setiembre de ese mismo año, lo hace dependiente del Ministerio de Salubridad Pública, como indicó en el párrafo anterior. En 1948 para beneficio de la sociedad costarricense y después de mucho tiempo de estar brindando este tratamiento, con la intervención de médicos y personas interesadas en la Lepra, se producen los primeros casos curados o sanados de la Lepra. Después de tres años, de iniciado el tratamiento con moderno con Sulfonas. Las Sulfamidas realizaron sorprendentes curaciones a los enfermos que padecían este mal. A partir de la Ley publicada el 19 de octubre de 1972 y según modificación al artículo 192 del Código Sanitario vigente en ese momento, el Sanatorio y el Dispensario Dermatológico de "Las Mercedes" estarían administrados a partir del 19 de diciembre siguientes, por la Dirección General de Asistencia Médico-Social, en coordinación con la Dirección de Lucha contra la Lepra. [1] Chinchilla Gutiérrez, Sara. "La lepra en Costa Rica, contribución a la historia de la medicina nacional". Tesis de Grado. UCR. Escuela de Historia. 1972. [2] Sagrada Biblia Versión directa de las lenguas originales. Por Eloino Nacar Fuster y Alberto Colunga Cueto. Vigésima Novena Edición. Biblioteca de Autores Cristianos de la Editorial Católica, S.A. Madrid. 1975 [3] Archivo Nacional de Costa Rica. Serie Colonial, # 483. 1784. F. 2 y v. [4] Archivo Nacional de Costa Rica. Serie Colonial. #1384. 1784. F.2 [5] Revista del Archivo Nacional. III. (5-6):229 En: Chinchilla Gutiérrez Sara. "La Lepra en Costa Rica y su contribución a la historia de la medicina nacional". Tesis de Grado. Licenciatura. Escuela de Historia. UCR. 1972. [6] Ibíd. Pág. 230. [7] Chinchilla Gutiérrez, Sara. "La Lepra en Costa Rica y su contribución a la historia de la medicina nacional". UCR. 1972 [8] Archivo Nacional de Costa Rica. Serie Congreso. #1162. Folio 1-10 [9] Chinchilla Gutiérrez, Sara. "La Lepra en Costa Rica, su contribución a la historia de la medicina nacional" Tesis de Grado. UCR. Escuela de Historia. 1972 [10] Archivo Nacional de Costa Rica. Serie Gobernación. # 8431. 1841. F. 58 [11] Acuerdo CLXXVII. Secretaría de Beneficencia. Junio 20, 1883 Estatutos del Hospital San Juan de Dios y Lazareto. [12] Actas de la Junta de Caridad de San José. Tomo I. 1852-1868. F. 7-8 [13] Archivo Nacional de Costa Rica. Serie Beneficencia #90. 1858 - 1859. Enero 7-17. F.7 [14] Informes del Presidente de la Junta de Caridad de San José. 1867. [15] Actas de la Junta de Caridad de San José. 1861 [16] Archivo Nacional de Costa Rica. Serie Beneficencia. #104. F. 11 a 14 [17] Actas de la Junta de Caridad de San José. 1872 [18] Actas de la Junta de Caridad de San José. 1875 [19] Actas de la Junta de Caridad de San José. 1881. [20] Archivo Nacional de Costa Rica. Serie: Congreso. #2770. 1898. F. 29-31. [21] Actas de la Junta de Caridad de San José. 1899. [22] Colección de Leyes y Decretos. Decreto #30. Palacio Nacional. 23 de agosto 1902. [23] Chinchilla Gutiérrez, Sara. "La Lepra en Costa Rica y su contribución a la historia de la medicina nacional". Tesis de Grado. Licenciatura. Escuela de Historia. Universidad de Costa Rica. 1972. [24] Archivo Nacional de Costa Rica. Serie Beneficencia. #85. Mayo 28. - Julio 30. 1908. F. 24 [25] Chinchilla Gutiérrez, Sara. "La Lepra en Costa Rica y su contribución a la historia de la medicina nacional". Tesis de Grado: Licenciatura. Escuela de Historia. Universidad de Costa Rica. 1972. |
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