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Cementerio General de San José

"Siendo su existencia ineludible, en todas partes donde vive el hombre, ellos o más precisamente, lugares destinados al entierro de los cadáveres, han existido en Costa Rica, naturalmente desde que existe el hombre en esta región. Así vemos hoy los restos de los antiguos cementerios de los indios en todos los puntos donde hubo aglomeración de indígenas, y sabemos que el sepelio de los muertos constituía entre ellos el acto de mayor lujo acostumbrado, gracias a ello, podemos hoy conocer colecciones valiosas de los objetos manufacturados por los habitantes originarios de Costa Rica y estudiar sus costumbres, pues parece que entre los indios se usaba depositar en la sepultura los objetos de mayor valor del difunto. Nuestros antepasados no solo hacían estudios de terreno, sino que escogían para cementerios, siguiendo una antiquísima usanza cristiana, observada aún en muchos pueblos de Europa, el terreno alrededor de las iglesias, es decir, los situaban en el centro de las poblaciones. De ahí que fácilmente penetraban las materias orgánicas en descomposición, hasta el subsuelo, envenenando el agua de los pozos artificiales y que los gases saturaban el aire de las poblaciones. Este uso fue abolido en el siglo antepasado, una Real Cédula de 1792, pide informes a todas las autoridades de las Indias para ver si era posible retirar los cementerios de las iglesias y por Real Orden del 6 de Noviembre de 1813 se mandó retirarlos definitivamente y hacer cementerios cercanos fuera de las poblaciones. Esta orden fue cumplida en Costa Rica con admirable prontitud y en setiembre de 1814 comunica el Gobernador Ayala al Capitán General de Guatemala una nómina de las poblaciones donde los cementerios ocupaban ya su lugar en despoblado; muchos habían sido hechos provisionalmente y se ofrecía hacerlos permanentes durante el verano siguiente."[1]

El Presbítero José María Esquivel, el 21 de octubre de 1830 hace ver la urgente necesidad de crear un Campo Santo en la ciudad de San José, ya que las cenizas de los difuntos eran botadas en la Sabana, expuestas a toda profanación con los más justos sentimientos de la piedad[2].

La creación del Panteón General de San Juan de Dios, nació paralelamente al Hospital San Juan de Dios, respondiendo a la necesidad de dotarlo de rentas fijas, de conformidad con el Decreto de creación del 3 de Julio de 1845, perteneciendo anteriormente, precisamente en 1818 el mismo a la Iglesia Católica[3]

En la sesión de la Junta de Caridad del 17 de enero de 1856, se conoce nota ministerial N°:12 de 14 de enero de ese año, mediante la cual el Supremo Gobierno, manifiesta la necesidad de trasladar el cementerio del hospital al sitio que está al Oeste del General, o enfrente del mismo, en el medio de la calle. Para tal efecto se nombró al tesorero como encargado de medir la citada calle, frente al panteón general, para ver si da las dimensiones correspondientes.

Para abril de 1857, en la sesión de la Junta, sin fecha, se conoce que habiéndose ocupado el terreno que está enfrente del panteón general, que estaba destinado para el hospital, con la sepultura de cadáveres durante la epidemia del cólera y siendo preciso buscar otro local a propósito para formar el panteón ordenado por nota ministerial de 14 de enero del año anterior, habiendo algunos inconvenientes en colocarlo al oeste del general, como indica el Supremo Gobierno principalmente por la distancia a que quedaría de la población, se acordó consultar con el mismo Supremo Gobierno si cree conveniente que se forme en otro local que reúna más ventajas que aquel.

En la sesión de la Junta de Caridad, del 16 de mayo de 1858, se reitera la imperiosa necesidad que existe de la construcción de un Cementerio capaz y con la decencia que demanda una obra de esta naturaleza. Se acordó que no habiendo fondos con que hacerle frente a los gastos que ella exige, se pase una comunicación al Excelentísimo Gobierno suplicándole se sirva facultar a la Junta para que le haga una rebaja de los derechos de mausoleos y nichos a quien quiera adelantar el pago de ellos, con el fin de recoger las sumas necesarias para subvencionar los gastos Para tal efecto, se comisionó a los señores vocales de la Junta, pasen personalmente a inspeccionar el terreno y fijen el punto y área en que deba levantarse.

Pasado los años, se demuestra que el terreno donde se construyó el Panteón no era propicio para realizar inhumaciones, debido a los niveles de humedad del mismo, mandando el Gobierno a la Junta, escoger un lugar apropiado para levantar el Cementerio y trasladarlo del San Juan de Dios. Para eso dispuso el Gobierno, mediante comunicación ministerial gubernativa, del 6 de Julio de1858 vender una faja de tierra situada en la Calle que conduce a Mata Redonda, (específicamente calle Este oeste, que va del panteón al llano de Mata Redonda) y que bajo la base de 400 pesos y en subasta pública venda dicha faja de tierra y que el producto de la venta se destine una parte para construir los muros del panteón general y la otra para el de mausoleos del hospital. Para cumplir con el mandato ministerial se comisionó al tesorero, para que sin perdida de tiempo mida el terreno, levante un plano y lo dirija al Juez de Hacienda para que previo aviso en el periódico oficial y formalidades de ley saquen a pública subasta aquella faja de tierra y proceda a la venta por la base dicha. [4],

Para salvar los inconvenientes que presenta la construcción del Cementerio del San Juan de Dios y para evitar que los muros se construyan sobre sepulturas, se ha formado un plano para ello y se solicita al Supremo Gobierno su aprobación. Aparecen dos calles que en el plano, de las cuales una parece que no tiene uso alguno y la otra solo sirve a Don Vicente Aguilar y a Mercedes Acosta, quienes según informan pueden irse a sus respectivas propiedades sin transitar por dicha calle, además comprar un terreno que en plano tiene el número 3.[5]

En la sesión del 18 de Noviembre de 1858, el señor Presidente de la Junta, da cuenta con los planos de los muros y portada para el panteón del hospital y bases para el contrato de trabajo del mismo panteón, los cuales ya han sido aprobados por el Supremo Gobierno. Se acordó llevar a cabo el contrato en mención.

Se dio un conflicto entre la Municipalidad de San José, ya que la Junta había vendido una faja de tierra situada en la calle que va a la Puebla a Mata Redonda, para adquirir un terreno para el Panteón. Argumentó la Municipalidad que ese terreno había sido pagado con fondos de la Policía, quedando sin resolver y quedándose la Junta con el terreno. La Junta consideró más conveniente situar el Panteón en el lugar que se encuentra y obtenida la aprobación del gobierno realizó su traslado. Una vez instaurado el cementerio, se aumenta el derecho de sepultura a seis reales por cada cuarta de terreno que se ocupara para construir mausoleos.[6]

Para 1862 se procedía al traslado del campo santo al lugar que ocupa hoy día y a rodearlo de una muralla de cal y canto, estableciendo un impuesto de sepultura en aquel cementerio, a favor de la Junta de Caridad de San José.[7] Y para 1864, en acta del 14 de febrero se conoce que existe interés de comprar un cañalito, ubicado en el solar, que servía de panteón al hospital, dando por entendido, que ya se iniciaba la labor del traslado del panteón del hospital al nuevo local. Además en el acta de 4 de abril de ese mismo año, se toma el acuerdo de colocar el portón de hierro, una vez reparado, que tenía el panteón del Hospital, en el Panteón General, ya que estaba en el mayor desorden y sin puerta, según lo manifestó el señor Manuel Gutiérrez, vocal de la Junta. También se solicita que se consiga a una persona vecina del Panteón General, para que se desempeñe como Portero del mismo, puesto que recayó en el señor Martín Solano, gozando de un salario de doce pesos mensuales, con las obligaciones que aparecen en el documento que al efecto se presenta, consignado en trece cláusulas y leído que fue, se aprobó en todas sus partes y se mandó a añadir al libro de actas, (no se encuentra este documento en las actas de la época), rindiendo juramento el señor Solano, ante el Presidente de la Junta. Se encarga al Tesorero para que informe sobre todos los trámites realizados en el Panteón General y proceder con la reparación de todo lo relativo a dicho lugar.

En la sesión del domingo 31 de Julio de 1964, se acuerda realizar las gestiones necesarias, ante la Curia Metropolitana, para construir una ermita en el Panteón General, al igual que realizar plantaciones de árboles dignos del lugar para formar dos calles en el panteón. Para tal efecto en la Sesión del 18 de setiembre de ese año, se comisiona al vocal Don Alejo Jiménez, para que se entienda con la plantación de los árboles de acuerdo con el plano levantado por el Ingeniero Don Francisco Kurtze, encomendándosele que pida a Guatemala o a los Estados Unidos, almácigos o semillas de algunos árboles como el Sauce y ciprés, pudiendo disponer para ello hasta de cien pesos que le serán entregados por el señor Tesorero. Sobre el asunto de la ermita, en esa misma sesión se acuerda que en vista del plano levantado por el citado ingeniero, para la edificación de una Capilla en el Panteón, se suplique al señor Obispo de la Diócesis se digne conceder la licencia necesaria para la edificación y fundación de la misma, con la denominación de Capilla de las Ánimas, destinando fondos de diversos señores miembros de la Junta, para llevar a cabo esta edificación, tan importante para la Junta y para las familias dolientes.

Para 1865 no se habían terminado de trasladar los restos al nuevo Panteón y muchos inclusive no habían pagado los derechos de los nichos y mausoleos, ya que en varias ocasiones se realizaban entierros sin la autorización del Presidente de la Junta, como había quedado estipulado en 1852, bajo el amparo del recibo extendido por el Tesorero del Hospital. Siendo la manera más eficaz de evitar este problema la destrucción de los mausoleos de las personas que no pagaran el derecho en el transcurso de tres meses.[8].

Para 1869 el presidente de la Junta de Caridad, Lic. Pinto, anota que en el Panteón General se construyeron varios nichos para depositar cenizas de los bienhechores del Hospital y del Lazareto. Ya que había sido un acuerdo de la Junta dejar espacios especiales para los párvulos y los sacerdotes.[9]

Revisados los libros de defunciones del Cementerio General, encontramos registros a partir de 1870, mediante los cuales se demuestra la venta de los primeros mausoleos.

En 1872, informa el Presidente de la Junta de Caridad, que se ha insistido con la Municipalidad en la conveniencia de ampliar el área destinada a enterramientos, por estar agotada la capacidad del lugar. En estos trabajos sobresalió la actividad desplegada por don José Quirce, director del sagrado recinto, ya que con sentido estético se interesó porque el sitio para el reposo de los difuntos presentase un aspecto digno y sobrio.

El 4 de mayo de 1879, fue enterada la Junta de Caridad de una donación hecha por don Juan Bonnefil, por sí y a nombre de los herederos de don Alejo Jiménez, finado, que ofrece hacer de la porción de tierra que les pertenece en la esquina N.O. exterior del Panteón General, parte del Cementerio General, así como de las condiciones que imponen para dicha cesión. Consecuentemente se aceptó la donación, así: cerrando tal terreno con arreglo a la verja que reguarda el panteón exterior de mausoleos y reservando a perpetuidad doce varas en cuadro para dos mausoleos de doce varias en cuadro cada uno o doble, si se constituyese uno solo. Hoy día es conocido este sitio como el Panteón Bonnefil. Según manifiesta el Dr. Teodoro Mangel, esta faja de terreno dentro del Cementerio General, fue otorgada por el Supremo Gobierno, como agradecimiento por el hallazgo y entrega del cadáver de don Juan Mora Fernández.

En el siglo XIX se presentaba la costumbre de sepultar únicamente a los católicos en los Cementerios y darles sepultura eclesiástica, dando como resultado que los naturales y extranjeros que profesaban otra religión no pudieran utilizar el Cementerio. Para tal efecto se mandó a crear un Cementerio para ellos, cerca del Cementerio General, en terrenos del Estado y bajo la vigilancia de la autoridad local y las ampliaciones hechas fueron por los mismos extranjeros.[10]

Con el propósito de no sufrir del mal uso de las rentas producidas por el Cementerio se presenta un proyecto de Reglamento el 29 de mayo de 1883 por parte del Sr. Gregorio Quesada Gómez, Tesorero de la Junta de Caridad[11], que ordenaba entre otras cosas que el primer vocal de la Junta de Caridad, debía de encargarse directamente de su administración y tener bajo su vigilancia al custodio que era un empleado a sueldo, para la administración interior del Cementerio. Se divide en cuatro sectores o cantones dicho Campo Santo: una de norte a sur (entrada), otra de Este a Oeste. El de Noreste se llamó "Cuadro del Carmen", el de Sureste "de Mercedes", y el Sudoeste "de Dolores". Regulaba el cobro de 12.80 pesos por cada vara cuadrada que se vende para mausoleos, siendo la dimensión de ellos de 3 x ½ varas y la mitad para cuando sean niños, que se ubican únicamente en el cuadro de "Los Angeles". Los nichos no pueden venderse a propiedad perpetua, sino que se alquilan o arriendan por cinco años y con el valor de 25 pesos y 2 pesos adicionales por tapa y materiales empleados, que se pondrán por cuenta del cementerio. Con este reglamento se pretendía regular el buen funcionamiento del Cementerio.

El 3 de junio de 1833 la Junta de Caridad emitió un proyecto para publicar el primer reglamento del Cementerio General, y mediante el Acuerdo CLXXXVII, de 29 de junio de ese mismo año se aprueba la normativa mencionada.

El 19 de Julio de 1884, mediante Decreto XXIV, se dicta la Ley de Secularización de los Cementerios, y aunque el Panteón General no pertenecía a la Iglesia, por tratarse de algo relacionado con el Panteón General que administra la Junta de Caridad se hace mención de la misma.

Por disposición del mes de Noviembre de 1884, se ordenó la venta, en pequeños lotes, del terreno del Cementerio Católico, que daba al frente del jardín, para construir en él monumentos de primera clase. El señor Ingeniero don Miguel Angel Velázquez, generosamente se prestó a levantar el plano de ese nuevo Cementerio.

En el informe que rinde el presidente de la Junta de Caridad referente a las actividades más relevantes de 1885 y siguientes años, apunta que tanto los "cementerios viejos", como el nuevo, han sido solícitamente cuidados.

El 10 de octubre de 1934 se colmaba, al fin, una de las mayores aspiraciones de la Junta: la de tributar el justo homenaje póstumo al Presbítero Cecilio Umaña, con la erección de un mausoleo en el Cementerio General, en donde guardar para siempre sus venerables restos. Fue él quien instituyó como único heredero suyo, al Hospital San Juan de Dios, permitiéndole contar con una renta fundamental por varias décadas. Siendo hasta 1938 que por acuerdo del 11 de mayo de 1938, la Junta de Protección Social de San José, lo reconoce como benefactor y/o bienhechor del Hospital San Juan de Dios y la Junta de Caridad, construyéndole un mausoleo y colocando una placa al pie del mismo, en el Cementerio General, con sus restos.

En la sesión Nº 43 del 20 de diciembre de 1977, se acuerda autorizar la ejecución de las obras de remodelación del Cementerio General, construyendo aposentos en la casa de los guardas, servicios sanitarios, acondicionando dicha casa, con una cocina y mobiliario adecuado, asfaltado de las calles, construcción de un basurero y un quemador, construcción de casetas para que las personas se protejan del sol y la lluvia. Las obras de mejoramiento de este establecimiento no han cesado, en pro del ornato y embellecimiento del mismo.

En la sesión del 9 de mayo de 1979, según consta en el Acta # 19-79, se presenta la sugerencia de construir capillas de velación y oficinas para la Administración del Cementerio General y un estacionamiento en el lote que en ese momento ese momento estaba alquilado a Acueductos y Alcantarillados. Se pretendió que las capillas fueran similares a las de la Funeraria Polini. Lo anterior considerando que estas obras podrían significar una buena inversión para la Junta.

En acta #47-79 del 5 de diciembre se solicitó al Arquitecto José Luis Chasí, Gerente de la empresa Consultora Hospitalaria Ltda, la elaboración de un anteproyecto para la construcción de capilla funerarias, un estacionamiento, un edificio para la administración del Cementerio General y una bodega de materiales en el Cementerio General. Para 1980 en sesión #28 del 9 de Julio de 1980, queda aprobado el proyecto en mención, quedando aprobados también para setiembre de ese año los planos y especificaciones técnicas. Ya en octubre queda aprobado el presupuesto para dichas obras que fueron entregadas en mayo de 1981, según consta en acta #20 de 27 de mayo de 1981. Por medio de la Licitación 29-83, después de varios intentos, se ofrece la concesión de las capillas de velación. No fue recibida ninguna oferta, se tomó la decisión por parte del Junta Directiva, de estudiar la posibilidad de alquilar el local completo o en partes o bien destinar el edificio para otros fines. En la actualidad este edificio está ocupado por oficinas de la Junta de Protección Social de San José. A saber: la Administración del Cementerio General y Metropolitano, el Departamento de Contabilidad y Presupuesto y el Departamento de Inspectores e Lotería.

El 12 y 19 de Noviembre de 1980, en las sesiones 46 y 47, se conoce y aprueba el anteproyecto de construcción de un Osario en el Cementerio General, el cual fue presentado por el Gerente de la Consultora Hospitalaria Ltda. Mediante la Licitación #022-81 se adjudica la obra a la empresa G&W S.A., obra que fue entregada el 27 de agosto de 1982, con lo que se procede a desalojar las tumbas del Cementerio General que se encontraban abandonadas

En la sesión #10 del 10 de marzo de 1982, a solicitud de varios directores, se autoriza al señor Alfredo Echandi, presidente de la Junta en ese momento, escoger una tumba en el Cementerio General, con el propósito de destinarla para uso de los empleados de la institución y sus familiares.

La administración del Cementerio General, se rige en la actualidad por el Reglamento para la administración de cementerios a cargo de la Junta de Protección Social de San José, Decreto #21384-S, de 10 de junio de 1992 y el Reglamento General de Cementerios, Decreto #22183-S, publicado en la Gaceta #101 del 27 de mayo de 1993.

En este Cementerio se encuentran sepultadas personajes que se han destacado en nuestro país, en diversas áreas, como son, entre otras, las siguientes:[12]

¨      Don Juan Mora Fernández. Primer Jefe de Estado. Benemérito de la Patria (gobernó de1824 a 1833), quien el 7 de junio de 1826 firma el Decreto XCVIII que ordena la creación de un Hospital General de San Juan de Dios, el cual fue abolido el 12 de mayo de 1830. Sus restos fueron traídos al Cementerio General el 23 de marzo de 1896.

¨      José Rafael De Gallegos. Segundo Jefe de Estado, quien gobernó nuestro país en dos oportunidades (1833 a 1835 y 1845 a 1846). Sus restos fueron traídos y depositados en el Cementerio General el 26 de enero de 1872.

¨      Francisco María Oreamuno, quien murió en 1856, a consecuencia de la peste del cólera.

¨      José María Castro Madríz, último Jefe de Estado y Primer Presidente de la República, quien gobernó de 1847 a 1849 y de 1866 a 1868. Nació el 1° de setiembre de 1818 y murió el 4 de abril de 1892. Fue sepultado en el Cementerio General el 6 de abril de 1892. Fue declarado Benemérito de la Patria por decreto #56 del 2 de octubre de 1847. Su esposa Pacífica Fernández Oreamuno, diseño y confeccionó nuestra actual bandera tricolor, la cual se izó por primera vez el 12 de Noviembre de 1848, en el Parque Central.

¨      Juan Rafael Mora Porras, (Juanito Mora P.) "Nació el 8 de febrero de 1814, el 13 de Noviembre de 1847 fue designado como vicepresidente del gobierno del Dr. José María Castro Madríz, cargo que desempeñó por poco tiempo. Al producirse la renuncia de Madríz, fue llamado nuevamente al gobierno, esta vez para ocupar la presidencia. Fue el segundo presidente de Costa Rica, quien gobernó desde 1849 a 1859."[13] Durante su gobierno, se construyó el Hospital San Juan de Dios, totalmente de ladrillo, además en su gestión tuvo que enfrentarse a los filibusteros comandados por William Walker. Fue declarado Benemérito de la Patria, por decreto #86 del 25 de junio de 1850. Fue asesinado en Esparza, el 30 de setiembre de 1860. Sus restos fueron trasladados de Puntarenas donde fue sepultado al Cementerio General el 13 de enero de 1885.

¨      Aniceto Esquivel Sáenz, quien gobernó por más de dos meses, en el 1876. Murió en 1898 y fue sepultado en la bóveda propiedad de Isaura Carranza Peralta.

¨      Bruno Carranza Ramírez, fue Presidente de la República por más de tres meses. Murió el 25 de enero de 891 y sepultado en el Cementerio General ese mismo día. Fue Presidente de la Junta de Caridad en 1877-1878.

¨      Próspero Fernández Oreamuno, Presidente de la República de 1882 a 1885. Firmó el Decreto XXIV sobre la Secularización de los Cementerios, de 19 de Julio de 1884.

¨      Bernardo Soto Alfaro, Presidente de la República de 1885 a 1889. Falleció el 28 de enero de 1931, siendo sepultado ese mismo día en el Cementerio General, en la bóveda propiedad de Marcelino Orozco.

¨      Carlos Durán Cartín, quien ejerció el poder de la República en calidad de designado del 7 de Noviembre de 1889 al 8 de mayo de 1890, aspirando nuevamente, sin éxito, a la presidencia de la República en 1913, ocupó puestos como diputado y ministro. Fue Presidente de la Junta de Caridad en el período 1882-1884, de 1885 a 1888 y de 1890 a 1891. Nació el 12 de Noviembre de 1852 y murió el 23 de Noviembre de 1925 y fue sepultado en el Mausoleo de su propiedad, en el Cementerio General. "Organizó el Hospital San Juan de Dios y fundó el Asilo Chapuí, creó la primera escuela de enfermería de Costa Rica y se empeñó en la construcción del Sanatorio para tuberculosos, que llevó su apellido por muchos años, en las faldas del Volcán Irazú. Declarado Benemérito de la Patria, por decreto # 4 del 21 de Noviembre de 1949. Al cumplirse el centenario de su nacimiento el 12 de Noviembre de 1952, la Junta de Protección Social de San José y el Colegio de Médicos y Cirujanos de la República, colocaron una plaza conmemorativa en la residencia donde murió el prócer, la cual se ubicaba frente al edificio del Ministerio de Educación Pública (antigua Embajada Americana)".[14]

¨      José Joaquín Rodríguez Zeledón. Presidente de la República de 1890 a 1894. Falleció el 30 de Noviembre de 1917 y sepultado el 30 de Noviembre en la bóveda de Cruz Alvarado.

¨      Vicente Herrera Zeledón. Gobernó en 1876, por un período de 14 meses. Fue gobernador de San José, diputado, regente de la Corte Suprema de Justicia, cofundador, secretario y presidente de la Junta de Caridad, durante el período 1865 a enero de 1869. Murió el 10 de Noviembre de 1888 y sepultado al día siguiente en el Cementerio General, en una bóveda de su propiedad.

¨      Rafael Iglesias Castro. Nació el 18 de abril de 1861 en la ciudad de San José. Presidente de la República de 1894 a 1902. Estableció en 1896 como moneda la que actualmente utilizamos (El Colón). Durante su gobierno se iniciaron las obras del Ferrocarril eléctrico al Pacífico, la construcción del Teatro Nacional, el establecimiento del patrón oro y la reforma monetaria. Murió el 10 de abril de 1924. Sus restos permanecen en el mausoleo de su propiedad en el Cementerio General.

¨      Cleto González Víquez. "Nació en la villa de Barva, Heredia, el 13 de octubre de 1858".[15] Gobernó de 1906 a 1910 y de 1928 a 1932. Murió el 24 de setiembre de 1937. Fue declarado Benemérito de la Patria por decreto # 107 de 6 de octubre de 1944. Está sepultado en el mausoleo de su propiedad, en el Cementerio General. Formó parte de la Junta de Caridad en 1897 y en el período de1899 a 1901 fungió como Presidente de la misma. En el período de 1927-1928 de nuevo ocupa este cargo, siendo declarado Benefactor de la Junta, debido a sus eficientes y desinteresados servicios prestados. Un busto escultórico de don Cleto González, se encuentra en los jardines internos del Hospital San Juan de Dios.

¨    Ricardo Jiménez Oreamuno. "Nació el 6 de febrero de 1859 en la ciudad de Cartago. Presidente de la República en tres oportunidades (1910-1914, 1924-1928, 191932-1936), Presidente del Congreso y de la Corte Suprema de Justicia. Falleció el 4 de enero de 1945 y sepultado en el mausoleo propiedad de Jesús Jiménez. Fue declarado Benemérito de la Patria por decreto # 73 de 4 de Julio de 1942.

¨      Federico Tinoco Granados. Presidente de la República en 1917. Murió el 7 de setiembre de 1931. Sus cenizas fueron traídas al país el 7 de Noviembre de 1960 y colocadas en el mausoleo obsequiado por el Supremo Gobierno en 1905.

¨      Francisco Aguilar Barquero. Fue Presidente de la República durante ocho meses, a partir del 2 de setiembre de 1919. Falleció el 11 de octubre de 1924. Fue sepultado el 12 de octubre de 1924 y sepultado en el mausoleo de su propiedad, en el Cementerio General.

¨      Julio Acosta García. "Nació en la ciudad de San Ramón de Alajuela el 23 de mayo de"[16] 1872. Electo Presidente de la República en 1920. Falleció el 6 de Julio de 1954 y sepultado ese mismo día en la bóveda propiedad de Zulay Acosta Gallegos. Fue declarado Benemérito de la Patria por decreto #59 de 28 de mayo de 1954.

¨      León Cortés Castro. "Nació en la ciudad de Alajuela el 8 de diciembre de 1882. Asume la Presidencia de la República en 1936, destacándose su gobierno por la gran cantidad y variedad de infraestructura edificada en todo el país. Se construyeron carreteras, caminos, puentes, cañerías, edificios escolares, palacios municipales e instituciones de beneficencia y salud pública. Su obra enriqueció el actual patrimonio histórico-arquitectónico de nuestro país"[17]. Falleció el 23 de marzo de 1946 y sepultado al día siguiente en el mausoleo de Julia Fernández Rodríguez viuda de Cortés, siendo trasladados al monumento León Cortés el 27 de marzo de 1955. Dicho monumento tiene un estilo tradicional en la arquitectura funeraria neoclasista, que fue importado desde Pietrasanta, Italia, por la marmolería Villalta hacia 1950.[18]

¨      Rafael Angel Calderón Guardia. "Nació en San José, el 10 de marzo de 1900 en el hogar formado por el Dr. Rafael Angel Calderón Muñoz y Ana María Guardia Mora. Fue electo Presidente de la República en 1940 y declarado Benemérito de la Patria por Acuerdo #1410 del 17 de abril de 1974"[19]. Murió el 10 de junio 1970 y sepultado en el Cementerio General el 11 de junio de ese mismo año.

¨      Francisco José Orlich Bolmarcich. "Nació en San Ramón de Alajuela, el 10 de marzo de 1907[20]. Presidente de la República en los comicios de 1962.. Murió el 29 de octubre de 1969. Sepultado el 31 octubre de 1969 en el Cementerio General.

¨      Daniel Oduber Quirós. Presidente de la República. Murió el 13 de octubre de 1991 y sepultado en el mausoleo de su abuelo Justo Quirós.

¨      Santos León Herrera. Presidente en ejercicio en la época de Teodoro Picado. Fue sepultado en el Cementerio General el 8 de mayo de 1950.

¨      Joaquín García Monge. Uno de los grandes escritores de nuestro país. Murió el 31 de octubre de 1958, sepultado en la bóveda propiedad de su esposa en ese momento y en la actualidad de su hijo Eugenio García Carrillo.

¨      Alejandro Aguilar Machado. Escritor nacional. Sepultado en la bóveda de Alejandro Aguilar Mora, el 14 de Noviembre de 1984.

¨      Aquileo J. Echeverría. Escritor nacional. Murió en Barcelona, España. Sus restos fueron traídos al Cementerio General el 19 de marzo de 1915 y depositados en el mausoleo de su propiedad, la cual le fue donada al Supremo Gobierno el 26 de marzo de 1915.

¨      Miguel Obregón Lizano. Benemérito de la Patria. Falleció el 24 de Julio de 1935 y sepultado ese mismo día en el mausoleo de Ramón Loría Vega.

¨      Nazario Toledo Murga. Primer presidente de la Junta de Caridad de 1845 a 1848, que se disolvió la Junta Directiva, siendo vocal en 1884 y suplente en 1887 y 1892. Murió el 11 de mayo de 1924 y sepultado en bóveda de su propiedad.

¨      Johnn Meiggs. Keith Faulkner. Presidente de la Junta de Caridad de 1909 a 1927. Norteamericano, murió el 13 de octubre de 1927 y sepultado en el Cementerio General en el mausoleo propiedad de Rosa González.

¨      Gerardo Castro Méndez. Presidente de la Junta de Caridad de 1884 a 1885. Murió el 26 de octubre de 1927, siendo sepultado en bóveda de su propiedad, en el Cementerio General.

¨      Domingo Rivas Salvatierra. Presidente de la Junta de Caridad en 1876. Murió el 26 de abril de 1900 y fue sepultado en la bóveda de Elías Rivas S. Trasladado sus restos posteriormente a la bóveda de doña Dolores Rivas.

¨      Federico Tinoco Iglesias. Presidente de la Junta en 1875. Murió el 15 de mayo de 1915 y sepultado en la bóveda de su propiedad.

¨      Concepción Pinto Castro. Presidente de la Junta de Caridad de 1869 a 1872. Murió el 16 de abril de 1898 y sepultado en la bóveda de su propiedad en el Cementerio General.

¨      Bruno Carranza Ramírez. Presidente de Costa Rica, durante un período de tres meses. Presidente la Junta de Caridad en 1877. Sepultado el 25 de enero de 1891 en un mausoleo donado por el Supremo Gobierno.

¨      Alberto Echandi Montero. Presidente de la Junta de Caridad de 1928 a 1944. Fue Sepultado al momento de su muerte, en la bóveda de doña Pepa Jiménez Rucavado, viuda de Echandi, según acuerdo de la Junta de Protección Social de San José, de 29 de setiembre de 1944. Declarado Benemérito de la Patria y propulsor del Tratado limítrofe con la República de Panamá, cuando se encontraba ejerciendo el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores.

¨      Alfredo Echandi Jiménez. Presidente de la Junta de Protección Social de San José de 1955 a 1976 y de 1979 a 1984, hijo de Alberto Echandi Montero. Murió el 1° de agosto de 1982 y sepultado en la fosa en que se encuentran los restos de su padre.

¨      General José Joaquín Tinoco Granados. Ministro de Guerra cuando su hermano Federico Tinoco, fue Presidente de Costa Rica. Murió asesinado el 10 de agosto de 1919 y sepultado en el mausoleo propiedad de Federico Tinoco Iglesias, quien fue su padre y Presidente de la Junta de Caridad en 1875.

¨      General Federico Valverde Hernández. Falleció el 25 de febrero de 1899 y sepultado el día siguiente en la bóveda de su propiedad en el Cementerio General.

¨      General Juan Volio Llorente. Murió el 27 de Noviembre de 1889, y sepultado en el Cementerio General. Dueño del mausoleo # 5, que le fue obsequiado por el Supremo Gobierno, por medio del Ministro de Fomento, el Dr. Carlos Durán Cartín.

¨      General Teniente Coronel Alejo Biscauby. Falleció el 27 de abril de 1870, ocupando su puesto de primer comandante del Cuartel de Artillería. Sepultado en la bóveda de Juan Bonnefil, en el Panteón Bonnefil, ubicado dentro del Cementerio General.

¨      General José María Cañas. "Nació en 1909 en El Salvador[21]" Héroe de la Campaña Nacional de 1856, al lado de don Juanito Mora Porras, resolvió el problema de límites con Nicaragua (cañas-Jeréz). Murió fusilado el 31 de setiembre de 1860, un día después de haber sido fusilado don Juan Rafael Mora y el General Ignacio Aranciba. Fue sepultado en Puntarenas, siendo trasladados sus restos al Cementerio General el 14 de setiembre de 1881 y colocados en el mausoleo propiedad de Rafael Cañas M.

¨      Presbítero José Cecilio Umaña. "Nació en Villanueva (hoy San José), el 1° de febrero de 1794. Fue Cura de San José, constituyéndose en una de las figuras más bondadosas y distinguidas de la Patria. Al morir legó su fortuna al Hospital San Juan de Dios y a otras instituciones de beneficencia. En honor a su labor, en el Hospital San Juan de Dios, se bautizó con su nombre uno de los salones de servicio. Aunado a esto, la insignia de las enfermeras graduadas, lleva la efigie del Presbítero Umaña como símbolo de respeto y agradecimiento para quien tanto hizo por el primer centro hospitalario del país"[22]. Bienhechor del Hospital San Juan de Dios y benefactor de la Junta de Caridad de San José. Murió el 13 de mayo de 1871. Fue sepultado en bóveda de su propiedad y luego trasladado a un monumento construido por la Junta de Protección Social de San José, en 1938, según acuerdo tomado en el artículo V, de la Sesión Nº 3 del 11 de mayo de 1938.

Mediante visita realizada al Cementerio General, el 25 de febrero del 2000, se pudo constatar la existencia de estas bóvedas y se recopilaron datos brindados por el señor Carlos Agüero Vargas, exfuncionario de la Junta de Protección Social, los cuales podemos encontrar en el Capítulo IX de esta reseña.